Una mirada que permanece
En un centro de acogida de Filipinas, una joven se sienta frente a la cámara y sostiene la mirada.
No sabemos qué piensa. No sabemos tampoco qué emoción concreta existe detrás de sus ojos. Y quizá precisamente por eso la fotografía conserva su fuerza: nos obliga a mirar sin apropiarnos de su historia.
Los centros de cuidado ofrecen acompañamiento a personas que necesitan diferentes grados de apoyo en su vida cotidiana. Pero esta fotografía no trata de convertirla en representante de ninguna condición.
Habla de ella como presencia.
Hay miradas que duran apenas una fracción de segundo frente al objetivo y, sin embargo, permanecen mucho tiempo después en quien las recibió.
