Inocencia marcada por el contraste
Una niña se detiene ante la cámara en una calle de Guinea Ecuatorial. Su rostro presenta un intenso contraste de pigmentación que inmediatamente atrae nuestra mirada.
Pero quizá ahí comienza también el desafío de esta fotografía: conseguir que, después de observar esa diferencia visible, volvamos a descubrir simplemente a la niña.
En distintas sociedades, determinadas particularidades de la piel han estado rodeadas de prejuicios, supersticiones y rechazo. La diferencia física puede convertirse entonces en una fragilidad que no nace del cuerpo, sino de la mirada de los demás.
Esta imagen propone exactamente lo contrario: mirar sin clasificar. Reconocer antes a la persona que aquello que la hace diferente.
