Tres niñas y un abrazo
Me pidieron hacerles un retrato.
Las tres niñas se acercaron y se abrazaron ante la cámara. En ese momento desapareció cualquier necesidad de explicar quién era cada una, de dónde procedía o qué podía diferenciarlas.
Quedó simplemente el abrazo.
La fotografía habla de diversidad precisamente porque no necesita clasificarla. La diferencia puede estar en el cuerpo, en la cultura, en el origen o en tantas otras circunstancias; pero nada de ello impide compartir juego, proximidad, afecto o amistad.
Quizá la inclusión verdadera empiece ahí: cuando dejamos de preguntar qué hace diferente al otro y comenzamos a descubrir todo aquello que podemos compartir.
